jueves, 5 de mayo de 2016

La triste danza de un inocente asesinado hace 20 años



Santo Domingo. 05/05/16. Por el Arroyo Lebrón todavía corren las mismas aguas turbias y pestilentes en las que hace 20 años encontraron el cadáver del niño José Rafael Llenas Aybar, en el sector El Cenit, de Pedro Brand.

Al día siguiente de la angustiosa noche del viernes 3 de mayo del 1996, cuando sus familiares, desesperados, movían cielo y tierra por encontrar al menor desaparecido en horas de la tarde, los esposos Feliciano Martínez y Ramona Reyes avistaron el cuerpo del niño de 12 años, cerca de un pequeño puente que comparte con el arroyo el mismo nombre, en el Kilómetro 24 de la Autopista Duarte.

A 20 años de aquel triste hallazgo, Martínez y Reyes tratan en vano de mantener los hechos en el olvido. Muchas cosas han cambiado desde entonces: el sector está más urbanizado, cerca del lugar cruza la nueva autopista Circunvalación de Santo Domingo o Profesor Juan Bosch, inaugurada el año pasado por el Gobierno; tienen una escuela recientemente inaugurada; la vida de la pareja dio el giro obligado al que empujan los años y las enfermedades, limitándoles los acostumbrados pasos que solían andar cerca del arroyo para recoger las semillas de cajuil que luego vendían endulzadas para costear su sobrevivencia.

Pero entre tantos cambios, sus recuerdos siguen intactos. A Ramona aún se le eriza la piel al pensar en el alma de aquel inocente que, con alas de mariposa bailó frente a ella una triste danza, para luego volar hacia el infinito.

“Cuando yo iba saliendo que iba pa’ lo cajuile, vino esa mariposa grandísima y aleteó delante de mí como... así... como tan triste. No sé si fue un aviso para que uno mirara o algo”, narra Ramona, repitiendo la misma historia que contó hace 20 años a otros periodistas que le entrevistaron.

Recuerda que ese sábado salió junto a Feliciano a “recoger cajuiles para hacer los dulcitos”. “Él iba delante y me dijo que cogiera esa alfombra que estaba tirada. Me quedé mirando la alfombra y pensé en cogerla, porque se veía nueva. Pero seguimos. Cuando veníamos, yo paso a mirar la alfombra y él se pasa por el otro lado. Y me dice: ‘¡Ay! ¡Pero aquí hay un ahogado!´. Le respondí que eso eran dos palitos boyando para asustar a la gente. Pero ahí vienen llegando unas personas que iban para Agricultura y ellos decidieron que había que denunciarlo.

Los esposos no quisieron mirar más. Hasta que un fiscal mostró a Feliciano, días después, las fotos horrendas de la espalda acuchillada del niño, una imagen que todavía le horroriza.

Asesinato cruel



El horror lo vivió también la sociedad dominicana que no daba crédito a la crueldad de los hechos. Al menor le ataron con cintas adhesivas, le dieron 34 cuchilladas, y lo tiraron al arroyo. Su primo, Mario José Redondo Llenas, el mismo que alrededor de las 8:00 de la noche del viernes acudió al Palacio de la Policía a presentar la denuncia por su desaparición, fue la persona que empuñó el cuchillo asesino, apoyado por su amigo Juan Manuel Moliné Rodríguez, que agarró al menor para neutralizar sus resistencia.

Los hechos fueron narrados por los propios jóvenes, universitarios por ese entonces, en los interrogatorios que les hicieron los investigadores luego de su arresto el domingo 5 de mayo de ese mismo año. Partes de esos interrogatorios fueron publicados por varios medios de la época.

Ambos jóvenes, de 19 y 18 años entonces, fueron acusados de secuestro, asesinato, robo agravado, porte ilegal de arma blanca, asociación de malhechores, entre otros delitos, en perjuicio de Llenas Aybar, y condenados en primera instancia a 30 años por la Sexta Sala de la Cámara Penal del Distrito Nacional, en septiembre del 1998.

También los condenaron al pago de RD$5,000 millones cada uno como indemnización a los padres de la víctima, los esposos José Rafael Llenas Menicucci e Ileana Aybar.

Al inicio del proceso judicial también fueron implicados dos miembros de una familia de diplomáticos argentinos, Luis Ángel Palma de la Calzada y Martín Palma Meccia, pero sus nombres fueron desglosados el expediente.

El 15 de octubre del 2002, la Corte de Apelación ratificó la pena de 30 años contra Redondo Llenas y bajó a 20 la de Moliné Rodríguez, lo que le permitirá a este último salir en libertad desde hoy, tan pronto se concluyan los trámites reglamentarios, para los que ya entregó la documentación.

“No me hablen de eso”



Martínez, al que sus conocidos llaman “El Buey”, participó del proceso judicial. En varias ocasiones acudió a los tribunales como testigo voluntario para hablar de su triste hallazgo, y fue centro de atención de varios medios de comunicación que años después del hecho todavía seguían entrevistándole.

Ya se cansó de hablar de lo mismo, y se lo hace saber en tono de enojo a los reporteros que ahora le importunan con más preguntas.

“Yo no quiero ni que me mienten eso. Yo sufrí tanto”. Recordó que en más de 20 ocasiones se trasladó de su casa a los tribunales, muchas veces por reenvíos de los jueces, y que en ocasiones debió empeñar pertenencias para pagar el pasaje.

Con resentimiento recuerda el televisor que empeñó por RD$1,000 pesos para acudir a una audiencia y que después no puedo recuperar. Lo añora con la misma inconformidad con que muestra sus carencias en una estrecha casa que comparte con un sus dos sobrinos huérfanos, las úlceras de Ramona, su mujer, que le afectan ambas piernas, y su cataratas recién operadas en el ojo izquierdo que le ‘nublan’ la visión.

“A estas alturas de juego no quiero ni que me vengan a hablar de eso. Nada, nada. Ya estoy cansado de eso”, reitera molesto, pero termina completando la narración que ya inició su mujer.

“Un día estuve a las once de noche en la causa y le dije al alguacil que quién era el papá del niño, porque no había comido nada a esa hora. Me lo mostró y me le acerqué. Me dio 20 pesos”.

Feliciano cuenta la historia como evitando decir demasiado. Entre frase y frase, deja aflorar su temor de que le vuelvan a llamar para declarar. De hecho, le advierte a su mujer: “Si vuelven a buscarnos para ir a la Justicia otra vez, vas a ir tú, por estar hablando”.

Luego de explicarle que la entrevista no tiene nada que ver con la Justicia, sino para fines de publicación a raíz de las dos décadas del asesinato, Feliciano emite una breve opinión sobre la libertad que por condena cumplida se le otorgará a Moliné Rodríguez.

“Si cumplieron, deberían liberarlo”.



Doña Ramona no opina igual. “No deberían soltarlo. No está bien, porque fue a un niño al que él le hizo ese daño”, insiste y se detiene a pensar en voz alta qué haría ella si le mataran a su única hija.

“Yo no me quiero ni recordar de eso. Le he pedido a Dios mucho, para que me saque eso de la mente. Es que cosa así no se pue´ ver”. Pero Doña Ramona sabe que “eso no se sale muy fácil de la mente, pues se trata de un niño, y un niño es una cosa sagrada”.

Oportunidad de Integración

El siquiatra César Mella evaluó a Moliné Rodríguez en el 1996. Recuerda el gran impacto social del caso, debido al salvajismo con que actuaron los asesinos, un acto propio de los psicópatas antisociales, según el doctor.

Ahora que llega la liberación de Moliné Rodríguez, Mella entiende que el convicto deberá esforzarse para demostrarle a la sociedad que ha cambiado. “Trabajo digno, arrepentimiento real y sinceridad frente a sus semejantes”, son las cualidades que deberá exhibir para que pueda integrarse a la sociedad. En todo caso, la población debe “darle la oportunidad de demostrar que es un hombre nuevo”, plantea Mella.





De: Diario Libre.

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